Un camino irreverente

Un camino irreverente

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Escribir un artículo sobre la historia de este generoso instrumento sería de extrema redundancia teniendo en cuenta que debido a los tiempos en que vivimos, hay una cantidad abundante de información precisa en internet, brindada por musicólogos y etnólogos profesionales. Así que tomé la decisión de, a modo introductorio, contar la propia experiencia con la quena y como fue mi encuentro con ella.

Hace 16 años comencé con este periplo interminable que es la música, pasando por los más diversos instrumentos en el camino (guitarra, contrabajo, piano, batería) y eligiendo al bajo eléctrico como el principal. Podría remontarme a ese día que nunca olvidaré, 7 años atrás, cuando casi de casualidad, la primera quena cayó en mis manos. Ya venía ejecutando más que nada jazz, y varios géneros latinos en los otros instrumentos, no así folclore andino. Grande fue mi sorpresa cuando pude sacar los primeros sonidos en esa caña prestada. La conexión que sentí con mi respiración y la música fue mágica. Desde aquel día a este entonces, pasaron más de 40 quenas de las más diversas calidades/tipos y la práctica fue incesante. Lo que más me cautivó fue que a pesar de ser el instrumento más simple que había tocado, sus posibilidades eran y son ilimitadas, aún me queda un universo entero por descubrir. Su portabilidad me asombró, “es un palo con agujeros” solía y suele ser mi frase más repetida. Todos los lugares que transitaba, paradas de colectivos, trén, subte, e incluso mientras caminaba, solían ser motivos de práctica. Me convertí en “el loco de la quena”.

Fue muy difícil encontrar UN método correcto de tocarla, hecho que no sucede con los instrumentos de origen occidental, que tienen estudios y técnicas desarrolladas hace tantos siglos. La quena, aún siendo anterior a todos éstos, carece de una escuela clara (podríamos decir que la de Raymond Thevenot es la única). Cada instrumentista tiene una técnica bastante propia, no sólo en cuanto a la digitación, sino también en cuanto a la formación y producción del sonido. Por eso fui desarrollando una técnica propia que iré contando en los ulteriores artículos. Desde casi el primer momento de práctica, al querer tocar las melodías que ya tenía aprendidas en los otros instrumentos, o la ejecución de diversas escalas para la improvisación, sumado al desconocimiento de la existencia de las quenas en otras tonalidades, encaré el instrumento como cromático, es decir, ejecutando los 12 semitonos establecidos por el sistema temperado occidental. Busqué distintos horquillados (digitaciones alternativas o indirectas) pero no logré satisfacer mis necesidades, debido a los problemas de “afinación” (un concepto un tanto artificial y occidental que es relativo pero es el que aprendí y en el que está la mayoría de la música que escuchamos hace más de 400 años) que los mismos generan. Opté por elegir siempre el “medio dedo” (orificio semi-tapado) que a pesar de ser más difícil, asegura la afinación de esas notas que “no están en la quena”. Además, dada la coyuntura artesanal del instrumento, por más bien que esté construido, ninguna quena es igual a la otra, y lo mismo sucede con los luthiers que las construyen. El “medio dedo” asegura la afinación en todos los instrumentos. La tercera octava fue un viaje de ida, durante varios años me tocó formar parte de la sección de vientos de una orquesta de cumbia (La Cresta de la Olga) en la cual hice las veces de “flautín” o “piccolo”, la pariente más aguda de la familia de las flautas traversas (su registro se encuentra una cuarta justa arriba de la quena tradicional) y tuve que perfeccionar mis habilidades en la tercera y hasta cuarta octava.  

Debo aclarar que hubo un momento clave en este camino y sucedió hace unos 5 años, cuando conocí al luthier Ángel Sampedro Del Río, por medio del luthier bajos, Daniel Fernández, que al enterarse de mi incursión, me obsequió un bello ejemplar en si bemol. Allí descubrí una gama de quenas como nunca había visto, con un sonido, afinación y terminación de excelencia, que me motivó a intensificar aún más la práctica. Actualmente tengo aproximadamente 15 quenas construidas por él.

Matias Lourenco con Angel Sampedro

Todavía queda una vida entera para seguir este camino irreverente de intentar tocar músicas nuevas para la quena.

Nos vemos en un próximo artículo, hasta pronto.

Matías Lourenço. 

Tome Clases de Quena con Matías

https://es-la.facebook.com/matiaslourenco

https://soundcloud.com/matiaslourenco

 

Ángel Sampedro (luthier de quenas)

Tienda oficial en Estados Unidos y para destinos en Europa: www.QuenaMall.com

En Sudamerica
http://www.unmundodebambu.com.ar/

https://www.facebook.com/instrumentosdebambu/

 

Daniel Fernández (luthier de bajo)

http://danielfernandezluthier.blogspot.com.ar/

https://es-la.facebook.com/FernandezBasses/

Creditos

Fotografía: Manu Mora


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